Una de las semanas más extrañas de mi vida está llegando a su fin.
Todo empezó el fin de semana pasado. Como tenía que entregar una complicada traducción el lunes y aún no había ni empezado, decidí enclaustrarme en casa. El domingo íbamos a ir a celebrar todos juntos el cumpleaños de Némesis, así que, digamos, tenía prisa por acabar. Para echarme una mano, aunque fuera con la comida, Ainhoa vino a mi casa. Además, así podríamos preparar nuestra parte del pícnic y llevárnoslo el domingo.
Sin embargo, la mañana del domingo me encontró sentada ante el ordenador, con la traducción sin acabar y yo casi sin dormir. Al final preparé mi famosa ensalada de pasta, verduras y frutos secos y Ainhoa se la llevó sin mí.
En cuanto Ainhoa cerró la puerta, yo sucumbí a la crisis nerviosa que llevaba un año retrasando. Llamé como pude a mi ex y él, que ya me ha acompañado en algunos de mis mejores descensos a los infiernos del estrés, vino corriendo. Claro que, para cuando llegó, lo mejor ya había pasado. Se perdió los gritos, el llanto convulsivo y ese fascinante momento en que me quedo muy quieta y con los ojos abiertos y sin parpadear durante minutos enteros. Eso sí, llegó justo para abrazarme hasta que me dormí. Jay es un santo y le quiero por eso.
El domingo no acabé la traducción. Me fui a dormir a las nueve de la tarde y puse el despertador a la una de la madrugada, iniciando así lo que sería mi rutina durante el resto de la semana: acostarme a las ocho de la tarde y despertarme a la 1 AM para aprovechar la tranquilidad de la madrugada. Eso ha supuesto empalmar luego con mi trabajo en la oficina, lo que significa que, a mediodía, yo ya llevaba doce horas despierta.
Pero también ha supuesto hacer trasnochadas amistades.
El chat, again.
En esta semana de horario casi vampírico he conocido a dos hombres que me han ayudado a permanecer despierta a tan entempestivas horas, cosa por la que les estaré eternamente agradecida.
El primero es Dani. 33 años, casado y con una mujer de la que está increíblemente enamorado pero que ha decidido sumirse en la abstinencia... sin consultarlo antes con su devoto marido. Esto ha dado pie a madrugadas en plan Elena Francis, él llorando sus penas y yo tratando de consolarle de la más casta de las maneras. Y es que, aquí donde me veis, aún conservo algunos principios inquebrantables: no liarme ni animar a hombres casados es uno de ellos. Por suerte él lo ha asumido y llevamos cinco días de agradable amistad chatera y telefónica.
El segundo es Bernard, 31 años, informático de profesión y escritor de vocación, que aprovecha las horas de la madrugada para salir a la caza de las musas. Charlamos de todo y de nada, más de nada que de todo, y acabamos intercambiando teléfonos. Me llama al acabar mi trabajo, a las 6 de la tarde, y charla conmigo durante mi regreso a casa en autobús para mantenerme despierta hasta que consigo arrastrarme hasta la cama. Bernard quiere conocerme, y yo a él.
Creo.
También creo que hemos quedado el sábado de madrugada, pero de eso aún no estoy muy segura.
El sábado toca Eurovisión. Marc y yo hemos quedado en casa de Jack para verlo con un montón de amigos gays de nuestra pareja favorita. Me temo que acabaré siendo la única representante de la heterosexualidad en esa reunión. En fin...
La idea de Bernard es recogerme después de Eurovisión y del Arena, claro. Al parecer él se va a la costa con unos amigos hoy y volvería el sábado por la noche, así que si no estaba reventado, piensa llamarme para tomar el prometido café a las cinco de la mañana. Yo tengo serias dudas al respecto, la verdad.
Por si la semana no fuera ya suficientemente confusa, ayer recibí una llamada en la oficina: una editorial me ofrece el trabajo de coordinadora de una de sus revistas. La oferta es sorprendente, sobre todo si tenemos en cuenta que yo jamás he solicitado el trabajo. La editora de la revista me conoce, necesita a alguien para el puesto y pensó en mí. Tengo una entrevista el lunes y veremos qué me ofrecen.
Curiosamente, Bernard también tiene una entrevista el lunes, casi a la misma hora, así que, en el caso hipotético de establecer una cita, estamos pensando en dejarlo para el lunes.
Por desgracia, tanto la entrevista como la cita me privarán de uno de los pocos placeres que me quedan desde que tuve que abandonar la repostería: los masajes de Peter.
Pero el auténtico broche a esta extraña semana fue lo de anoche.
Y es que anoche, niños y niñas, practiqué por primera vez el sexo telefónico.
Os doy dos líneas para asimilar la información.
...
...
Bien, me explico.
Encontré a Toni
(Nene Ardiente, por si no recordáis quién es)en el chat, comenzamos a hablar y acabó llamándome por teléfono otra vez.
Para que entendáis la situación, a mí el estrés digamos que me... vamos que me enciende, así que cuando él insinuó que andaba más quemado que la pipa de un indio
(y perdonad si ofende mi explícito lenguaje... en cuyo caso ya os aviso que mejor paséis directamente al último párrafo, porque va a haber más de lo mismo) y dijo si me apetecía quedar con él pero que ya, yo pensé, "¿Qué coño? ¡¡Adelante, Dela!! Ya se encargará Némesis de pegarte bronca otro día por tu inconsciencia..."
Y le dije que sí.
Él se quedó de piedra, claro.
Empezamos a hacer planes. En hora y media podíamos encontrarnos y... y...
Y cuando se dio cuenta de que yo iba en serio, se echó para atrás. Le vinieron las dudas... que estaba demasiado caliente para esperar, que no sabía si yo iba en serio, que si esto, que si lo otro...
Total, que me quedé con las ganas.
Odio a los hombres.
Volvió a llamar para disculparse. Y, de paso, para probar algo nuevo.
El sexo telefónico.
Al parecer, tengo una voz muy sexy por teléfono, y eso es lo que a él le pone de mí, porque mi foto ya le dejó bien claro que el resto de mi persona no cumplía sus espectativas.
Bien, pues fiel a mi lema de probarlo (casi) todo al menos una vez, iniciamos una tórrida conversación telefónica que acabó con él gritando mi nombre una y otra vez mientras se corría.
Yo me abstuve.
Después de acabar, y aún sin aliento, él estaba en el Paraíso y lo único que quería era irse a la cama, porque, según palabras textuales, "me has dejado en la gloria, cariño".
Y así descubrí que el tipo por el que llevo semanas perdiendo la dignidad es de los que, después de la faena, da media vuelta y se duerme. Definitivamente, no fue la mejor forma de mantener vivo mi interés por él.
¿Será acaso el sexo telefónico la nueva forma de evaluar a nuestros amantes?
En ese caso, Toni ha suspendido con un triste 4,5.